¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del SEÑOR e hiciste este acto tan horrible? Pues mataste a Urías el hitita con la espada de los amonitas y le robaste a su esposa. De ahora en adelante, tu familia vivirá por la espada porque me has despreciado al tomar a la esposa de Urías para que sea tu mujer”.”
2 Samuel 12:9-10 NTV

Entre más profundizamos en la palabra de Dios más crecemos.

2 Samuel capítulo 12 registra el caso donde Dios usa a un profeta llamado Natán con una autoridad asombrosa, para hablarle al Rey acerca de un pecado de adulterio que él creía ya estaba sepultado y Dios había ignorado, pero no fue así.

Antes del acto de adulterio en sí, el profeta le recalca a David dónde empezó todo.
“¿Por qué entonces despreciaste la palabra del SEÑOR e hiciste este acto tan horrible?…”

La palabra de Dios es el escudo de protección ante las mentiras del diablo, la carne, el mundo y su sistema. Dios y su palabra merecen el mayor cuidado.

Pecar a sabiendas de lo que Dios habla y advierte por su palabra conduce al descalabro en todo.

Dos pecados en uno cometió David y Dios se lo recalca:
“…Pues mataste a Urías el hitita con la espada de los amonitas y le robaste su esposa…”

HOMICIDIO. Aunque David no lo mató directamente, sí fue el autor intelectual del mismo. ADULTERIO, dos pecados reprobados por Dios en los 10 mandamientos pronunciados:
Exodo 20:13 >> No cometas asesinato.
Éxodo 20:14 >> No cometas adulterio.

Dios sabe que pasar por alto el pecado permite que este crezca.

El pecado daña todo lo mejor qué hay en ti, te aleja y te pone en contra de los seres que amas y de los que realmente te aman.

El pecado frustra el maravilloso plan que Dios tiene para el hombre. Por eso es que el diablo siempre está consagrado a esta tarea tan maligna y destructiva.

Alabado sea Dios que nos ama profundamente y nos hace amorosas advertencias en su palabra para protegernos y preservarnos de todo lo que nos pueda dañar.

La luz de la santidad de Dios revela, expone y saca a la luz el pecado, pero restaura al pecador.

Es cierto que Dios perdonó a David, de hecho el salmo 32 tiene como título “La dicha del perdón”, pero tuvo que sufrir muchas consecuencias del mismo.
“Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.”
2 Samuel 12:13 RVR1960

La confesión de pecado es el terreno donde florece el perdón. El pecado invita al juicio, la confesión asegura el perdón.
¿Qué clase de pecado(s) estás a punto de cometer a sabiendas de que Dios por su palabra te ha dicho NO? Detente, el pecado nunca vale la pena.

Recuerda:
El perdón de Dios no es incentivo para pecar, sino una razón para no pecar.

Un abrazo y bendiciones.

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